Caminando. Haciendo camino.

13 octubre 2009

Cuando escribi el primer post estaba eufórica por plasmar aca mis pasos en la ciudad:  mi escala escala banqueta  mi escala dos ruedas y mi peor escala; el automovil. Pero de la euforia aveces solo salen brincos aislados y hoy bueno,  regreso con mas animos para hacer lo que  “Decia ” (dificil que dificil)  de querer regresar un poco de ese posible encanto a la ciudad, aunque  mucho de lo que yo escriba aqui sera mas en son de como me gustaria ver mi ciudad (bueno, uno tiene que darse animos).

Estas dos ultimas entradas  fueron completas evidencias de un lado de la  calle y la orilla de la calle (banqueta) que no son tan agradables pero  sin embargo forman parte del juego metropoli: El abandono y  la pobreza. Y cuando hablo de que formen parte del juego no es que me quiera acostumbrar a ello, pero simplemente me queda claro que no verlo o ignorarlo seria aun mas grave. Caminar por la calle te permite armar mapas personales,  caminar no te permite ignorar aunque mucha gente parezca que lo hace. Caminar te obliga a ponerte en contacto (por mas pequeño que sea)  y asumirte como parte del mapa, contrario a lo que uno hace cuando circula en el auto donde las vias y trayectos son mas predecibles al menos que en el peor de los casos suceda un imprevisto que cambie el ritmo y uno tenga que ver TENGA QUE HACERLO. Caminando todo es un imprevisto cualquier cosa puede pasar y eso para mi hace que la vida sea mas rica en si misma.

VAS QUE VAS, CAMINANTE

Texto: Eusebio Ruvalcaba

Defiendo mi derecho a caminar por esta ciudad. Siempre he sido caminante incansable. La violencia que se vive en la capital está en boca de todos —¿quién no ha sido asaltado?; antes era un hecho notable, la víctima se volvía famosa; ahora nadie le hace caso—, pero no por eso voy a dejar de practicar una de las actividades para mí más placenteras. Porque el acontecimiento de caminar va de la mano con la introspección más profunda. Se da el primer paso, se da el segundo, y aquella calle va revelando sus secretos. Ese primer paso bien equivaldría a la primera línea que se lee de un libro: que de pronto el viaje se torna experiencia hacia el centro de uno mismo. Eso es lo que me maravilla de caminar, que conforme avanzo en el devenir de la calle —aun en el caso de que se trate de una calle conocida—, avanzo en el conocimiento de mí mismo. Caminar me descubre eso. Me revela matices, facetas, aspectos de mi persona que por obvios había pasado por alto. Pero no sólo eso: cada fachada, cada esquina, cada comercio —y, más que nada, cada vecino— que se atraviesa en la caminata encierra su buena dosis de hermetismo y misterio; que uno lo descubra depende del ejercicio de la observación. Y de la humildad. Por supuesto que para caminar —digamos de las 12 de la noche en adelante— habrán de tomarse determinadas precauciones. Por ejemplo, no llevar más dinero del necesario, o evitar pasearse por calles solitarias o que arrastren fama de peligrosas. Sobra decir que hacerlo sería necio. Caminar forma parte de la imaginación narrativa. Sobran las novelas de caminantes inveterados. Tal vez porque el escritor quiere salir de su entorno, aventurarse por otros linderos, tocar el sedimento de determinados abismos, asomarse tras ventanas que se encuentre en el camino. Tal vez porque en el fondo de todo escritor hay un trashumante, un hombre que no se puede estar en paz. Salga o no de su casa, eso es lo de menos a la hora de narrar, ese novelista se imagina recorrer las calles de ciudades allende el mar. Calles en las que nunca ha estado, que sus pies jamás han pisado. Y he aquí otra de las atracciones de caminar por las vías que pueblan, por ejemplo, el corazón del Distrito Federal. ¿Cómo no emocionarse cuando se camina en calles por las que han deambulado hombres como Vasconcelos, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Francisco Villa, Amado Nervo, Emilio “Indio” Fernández, Pedro Infante? Pero no hay que ir tan lejos. Se viva donde se viva, solo o acompañado, que cada cosa tiene lo suyo, cada ciudad representa un desafío para el caminante. Que nuestros pies tomen su ciudad es el siguiente paso.

 

 

Vas que Vas.Libertad 2009.

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